Ardo.
Consumo cada espacio
entre el espĆ­ritu
y los huesos.

Y me hace bien.
Y yo soy el que corre.
Yo soy el que grita.
Soy yo el que desaparece.

Ardo.
Y es mi aliento el que alimenta al fuego
mis pies los que se cansan
y en el humo que se alza
es mi mirada la que se pierde.