En algunas imágenes
me recuerdo abrazándote,
colgada de tus brazos,
invitando a tus manos
para que se reúnan sobre mi espalda,

y no te miro a la cara
y espero las lágrimas
y pienso en mí sin ti
y luego en tu silencio

me acerco más;
dependo de la incierta palabra
que nunca mencionas

si pudiera detener tu pensamiento

si pudiera ser uno de tus sueños…

Mis ilusiones se derraman
sobre un lienzo que se convierte en púrpura
al tiempo que sucumbe al atragantamiento

cubre y ahoga mi imaginación.

La tinta se destiende
como la sangre fluyendo a través de mis pensamientos.
Espesa, concentrada, tardía.

La noche me sacude mientras sueño
habla tan apresurada que apenas la entiendo
trata de decirme que no te has ido.

La noche me pesa
es una cárcel que amenaza con su tiempo vacío
y su oscuridad hace arder mis ojos en vela.

Sabe que me rendiré
que traeré tu imagen en rebeldía de su nada
que traeré tu voz para acallar su tormento.

La noche es tuya
te la ofrezco como mi último deseo
para que vengas y te ame en silencio.

Soy la eternidad del mar
su calma compasiva
y la furia de sus olas.

Soy la ira del fuego que consume la vida
que la vuelve polvo
y se la entrega al viento.

Soy la constancia en forma de gota
que se escurre obstinada
entre las grietas del equívoco.

Soy el destino
hecho trizas en mi pecho
buscándose ahora.

Buscándose siempre.

Dzulum

Es una tarde momentánea
víspera de una noche de luna vieja
pasajera del viento
y su fatal brevedad.

Este instante se entrega a la banalidad
el cuerpo cruje entre los silencios
de su desolado desconcierto.

Cielo y tierra han pactado el convenio
es este el momento preciso
para abandonar.

Ya tengo todo listo, y para asegurarme.

He subido veinte pisos.