Materia

Para A.O.

De niño, durante un tiempo, mis días favoritos eran los domingos. Mi mamá iba a una iglesia que se encontraba un poco lejos de casa y cerca de las vías del tren. Las vías del tren, como las carreteras, siempre me han atraído. Creo que ese magnetismo viene del significado del movimiento, de tener la posibilidad de ir lejos y tal vez regresar, y de poco a poco ir descubriendo un nuevo terreno.

Y era un nuevo terreno para mí. Mi mamá solía platicar con otras personas después de la iglesia y yo corría a las vías. A veces ella simplemente se sentaba en una banca a verme desde allí y yo, por unos pocos minutos, imaginaba historias. Estas historias, que por siempre me acompañarían, tomaban forma mientras corría, o mientras caminaba sobre un riel tratando de no caer. Y si caía reía, y volvía a comenzar y a crear una nueva historia.

Después de algunas semanas comencé a buscar nuevos lugares, empezaba dando algunos pasos más allá de lo que conocía y luego volvía a un lugar anteriormente explorado, y después recorría el lado opuesto, de manera que, paso a paso, iba conociendo nuevos caminos entre la hierba, nuevos árboles, nuevas tonalidades de la luz filtrándose por sus hojas. Una de esas veces, en una mañana húmeda y sin sol, de pronto me encontré en un lugar desconocido, en medio de la niebla.

El campo de lo que alcanzaba a distinguir se había reducido, caminé hacia un lugar alto pero aún así no podía ver hasta dónde terminaba, conté por sus copas cada uno de los árboles que estaban cubiertos de ella, y luego me acerqué al árbol más cercano para sentir sus hojas. Estaban húmedas, como si hubieran sido cobijadas por una manta tejida a partir de un sinfín de pequeñas gotas de agua fría.

Entonces tuve una idea. Abracé la niebla con mucha fuerza, luego la seguí comprimiendo con mis manos y una vez que tuvo el tamaño adecuado la guardé en mis bolsas. Y la mantuve allí durante mucho tiempo, cambiándola de un pantalón a otro. A veces, para mostrársela a alguien la sacaba con mucho cuidado, pero nadie podía verla, nadie me creía que hubiera podido atrapar un poco de ella.

No sé exactamente cuándo, pero la perdí. Quizá se salió de mis bolsas un día jugando fútbol, o tal vez la dejé en unos pantalones viejos, o quizá fue mucho después que la dejé en la biblioteca mientras hacía un trabajo final en la universidad. Pero nunca la olvidé, algunas veces me encontraba con ella y respiraba profundo para tratar de guardar lo más que pudiera de ella en mis pulmones. Aún lo seguiría haciendo, de no ser por el día que aspiré tanto que rompí los botones de mi camisa.

Conforme pasaban los años, iba teniendo varias teorías sobre el origen de la niebla, o el por qué de mi fascinación por ella, de su naturaleza escurridiza, de su tamaño inconmensurable, o de su capacidad de darle otro matiz a la realidad.

Terminé de comprenderlo mientras caminaba pensando con la mirada en el suelo. Empecé sintiendo una ligera brisa rozando mi cara, y luego pude sentir unas pequeñísimas gotas, claras, delgadas, frías, deteniéndose en cada poro de mi piel, estuve seguro al instante de que era la niebla. Levanté mi mirada y me di cuenta que esta vez podía trazar su origen: tú caminabas junto a mí y la niebla que me cubría provenía de tu ojos, que estaban fijos en mí.

¿Has palpado alguna vez un sueño? son difusos, blancos, etéreos.

Me pregunto si puedes sentir la claridad de la tarde descendiendo en copos de nieve,
melódicamente,
sin prisa.

Pienso en lo sueños que construías cuando eras niña
mientras jugabas con tus muñecas
o cuando presumías con tus amigas
(como puede presumir una niña)
de la vida que tendrías cuando fueras mayor.

Yo solo tengo un sueño
y siento que vengo caminando hacia él desde hace años
a veces alegre, otras fatigado
pero nunca dejé de caminar
y siento que por fin he llegado.

Mi sueño se compone de un solo momento
un lugar al que confluye lo que fui y lo que puedo ser.

Miro a través de la ventana
puedo ver la nieve que cae sobre la cúpula de la iglesia
sobre los árboles infinitamente delgados
y puedo verte desnuda y recostada en el reflejo
mirando mi silueta como parte del cuadro.

Este punto donde coincide el horizonte hermoso
y el interior cálido de mi apartamento
tiene tu rostro
y es idéntico a mi sueño.

Búsqueda

Este hombre está cansado
dibuja su silueta a través de su sombra
y observa, con calma, cómo es desecha por el viento.

Entre el calor que por momentos le sofoca.
Piensa.
“¿Cuántos pasos más me llevarán a mi destino?”
Se acurruca entre el tronco y el pasto.
Y espera.

Ha venido desde lejos buscando una promesa
encontró sal, tierra, música y poesía.
Por debajo de sus párpados hay luces
que iluminan hermosos edificios por las noches
y puentes antiguos que atraviesan grandes ríos
en sus oídos hay voces coloreadas de azul, café y amarillo
miles de formas, cientos de sabores.

Pregunta dónde puede encontrar aquello que busca
pero nunca pronuncia las mismas palabras
porque a veces se desea una cosa y luego se olvida.

Este hombre ha olvidado por qué espera
así que se levanta y camina.

Esta ciudad es suave
a veces se me escapan sus edificios entre las manos
pero regresa con el viento
y me acaricia la cara
se posa en mí como un ave sin peso
que espera ser advertida mientras me canta al oído
su canto sin tiempo que apenas escucho
me abruma su belleza y lo permito
como una cascada que cae tempestuosa
no hay silencio que lo interrumpa
no hay eco
excepto el olvido.

Vine a decirle adiós a esta ciudad
vine a sentarme a esta fonda como siempre
a la misma hora que hace cinco años
reconozco casi todos los rostros
pero casi nadie se parece.

No hace falta abrir mis palabras
basta saber que algo es efímero para querer retenerlo
como la imagen de una estrella que cae
en la última noche
absoluta
clara.

Hay un mar en mi interior que se deshace en melancolía
nadie nota que mi historia se derrama por mis mejillas
nadie me mira.

Estas calles son prisa e indiferencia
tormentas de murmullos, empujones
pobreza.

Yo soy como la sombra que da una iglesia
como la pintura pálida de los edificios viejos
soy inadvertible entre la gente de siempre
donde mi ausencia es parte del bullicio
mi cuerpo es poesía.