¡No estoy muerto!

Mis palabras se clavaron en los poros de tu piel
espero que puedas verlas sucediendo
que las escuches construir ciudades, soles
mares y noches.

Eres una tormenta de sol
filtrándose por las rendijas de mis manos
haces arder mis ojos temblorosos, cansados
haces que se agote mi camino.

Me gustaría que lo supieras:
cuando la noche comienza
mis letras se enlazan, crujen, se acomodan
se entremezclan.

No está en tus pensamientos saber que me haces falta
no lo puedes escuchar
no lo tocas
no está en lo que callas.

Lo que me queda

Me quedan las ganas de salir a buscarte
gastarme las bolsas de esperanza
quemar mis zapatos temblorosos.
Quiero encontrarte.

Los siguientes pasos me los voy a ganar
agotando la noche o cansando el camino
pero llevo por si acaso una hamaca tejida en mi idioma
para que me arrullen los sueños que compartimos.

(no hay idioma más bello
para decirte “te amo,
quédate aquí juntito conmigo”)

Llevo mis palabras que no pueden hablar sino de sueños
un día todos mis hermanos tendrán un techo
una comida digna de sus interminables días
y un atardecer qué mirar descansados y satisfechos.

Voy a salir mañana junto con el amanecer
pero quien cuida mis pasos no podrá dirigirlos.
Viajo atravesado por el sol
pero el sur es mi destino

Mi recompensa está en las mañanas llenas de café
en las sonrisas sinceras y sabias de los ancianos
en la belleza franca y eterna de sus objetos
en los buenos días de la gente que pasa.

A cada paso, en la tierra que piso.

Como yo, hombres que te buscan
han muerto sin encontrarte
con el corazón henchido de esperanza
pero muertos sin remedio.

Y como ellos, sé que podría no encontrarte
y que un día quizá descubra en el espejo
que del sol solo me cubre el blanco
que mi rostro fue abrasado por el tiempo.

Pero voy a tener la certeza de que recorrí mi vida
por cada uno de los caminos que mi corazón trazó.
Lo que me queda es envejecer buscándote.
Y voy a sonreír.

Hoy no será

Me alimento de tus ojos
escucho la palabra Dios
entre el silencio de nuestros labios.
Tu calor me sabe a eternidad.

Te digo que te vayas
ansío terminar con mi huída
encarar mi maldita costumbre
renunciar a la salvación de tu desnudez.

Y no puedo sostener esto que digo
no sirven de razones las muletas
que sostienen mi mirada
ahora que se arrastra por tu piel.

Esta mente se obsesiona
el orden, la razón o la fuerza
no tienen ya más qué hacer.
Hay cierto hartazgo en la decadencia.

Hoy el mundo es demasiado todo
y hace años que no escribo.

Postergación

Este gordo ocupa mucho lugar, quizá no debió bajar por otro plato después de la cena. Este gordo, que lleva mi nombre, y mis historias y mis sueños de volverme escritor, encontró un día una fuente inagotable de inspiración en una mujer delgada que duerme hermosa y en silencio y que apenas cabe en el otro extremo de la cama. Y yo, que escribo a causa de eso, no quiero arruinar tanta belleza si me muevo, así que me volteo para apagar la lámpara, cierro los ojos, guardo mis sueños, y esta pluma y este cuaderno.