Vine a decirle adiós a esta ciudad
vine a sentarme a esta fonda como siempre
a la misma hora que hace cinco años
reconozco casi todos los rostros
pero casi nadie se parece.

No hace falta abrir mis palabras
basta saber que algo es efímero para querer retenerlo
como la imagen de una estrella que cae
en la última noche
absoluta
clara.

Hay un mar en mi interior que se deshace en melancolía
nadie nota que mi historia se derrama por mis mejillas
nadie me mira.

Estas calles son prisa e indiferencia
tormentas de murmullos, empujones
pobreza.

Yo soy como la sombra que da una iglesia
como la pintura pálida de los edificios viejos
soy inadvertible entre la gente de siempre
donde mi ausencia es parte del bullicio
mi cuerpo es poesía.